21/07/2026
Parroquia: San Miguel Arcángel
Cuando una persona escucha la palabra “señor”, normalmente piensa en una forma de respeto hacia alguien mayor o hacia una persona de cierta autoridad. Sin embargo, el significado que tiene esta palabra cuando se aplica a Dios es mucho más antiguo y profundo que el uso cotidiano que hacemos de ella.
La costumbre de llamar “Señor” a Dios nació en el pueblo de Israel. En las Escrituras hebreas aparece el nombre propio de Dios, representado por las letras YHWH (conocido como el Tetragrámaton, es el nombre propio de Dios en el Antiguo Testamento, compuesto por las cuatro letras hebreas יהוה (Yod, He, Vav, He). Se traduce comúnmente como "YO SOY EL QUE SOY" o "ÉL SERÁ", simbolizando su existencia eterna y autosuficiente.).
Con el paso del tiempo, los judíos desarrollaron la práctica de no pronunciar ese nombre durante la lectura pública de los textos sagrados por reverencia. En su lugar decían “Adonai”, que significa “mi Señor”.
Por esta razón, cuando las Escrituras fueron traducidas al griego, los traductores utilizaron la palabra “Kyrios”, equivalente a “Señor”, para referirse a Dios. Los primeros cristianos heredaron esta tradición y la aplicaron también a Jesucristo. De esta manera, el título “Señor” pasó a ocupar un lugar central en la fe cristiana.